A la fuerza, ni la publicidad es buena

A la fuerza, ni la publicidad es buena

La publicidad es tan, pero tan buena, que sin ella los productos nunca nacerían, crecerían, se reprodujeran y se vendieran. Recordemos grandes marcas como Nike, McDonald’s, Coca Cola y Apple. Han cambiado nuestra historia y las preferimos sin siquiera pensarlo. Marcas con tanto poder que son parte de nuestras vidas por inercia.

Estas marcas han sido el ejemplo (por años) de miles de charlas de marketing y publicidad; son el ejemplo de cómo han logrado obtener poder y posicionamiento gracias a sus estrategias de comunicación innovadoras, su coraje y valor por sacudir el mercado y a esa consistencia que mantuvieron; no es fácil convencer y mantener la postura (incluso, ante su propio equipo) de que golpear y golpear el mismo clavo trae como premio el tan buscado posicionamiento y top of mind alcanzado. El punto es: esto no es coincidencia.

Los publicistas y mercadólogos lo sabemos. Seguro es porque hemos invertido toda nuestra carrera y vida aprendiendo de casos famosos que han sido expuestos en medios como One Show, Communication Arts o Advertising Age, entre otros; hoy, podemos ver este arte expuesto en varios medios digitales también.

Si yo estuviera del lado del cliente, quisiera una agencia de publicidad que me nutriera de esto. Quisiera que a mi proyecto se le inyectara todo ese conocimiento, pasión y ganas de hacer algo impactante; que penetrara y sacudiera a todos. Contar con alguien que me ayudara a ser distinto a los demás y fuera mi partner preferido, en las buenas y en las malas.

Una agencia que me alimentara de información y ejemplos. Que con cada campaña que me mostrara, me hiciera pensarlo dos veces, por ser disruptiva y atrevida. Como bien dijo Madonna, la reina del Pop: “now that I have everyone’s attention, what do I have to say?”. Porque se trata de enfrentar juntos el reto de que nos volteen a ver y luego, que nunca nos olviden.

La publicidad es lo mejor que le pudo pasar a una marca o producto, pero para que funcione debemos creer en ella y darle tiempo para que transpire, se entienda y que, a través de cualquier medio, comunique lo que queremos. Si bien es cierto que no es mágica, sí tiene la capacidad de cambiar la decisión de un cliente en el momento de la verdad: la compra. (Eso es mágico para mí).

Continuemos entre clientes y agencias haciendo grandes marcas competitivas. Que sus virtudes y diferenciales se aprovechen al máximo y se conviertan en sus mejores armas frente a un mercado tan competitivo.

Que nuestras ideas y estrategias les acompañen y den larga vida a sus productos.

¡Que viva la publicidad!

Sergio Marroquín
https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/a-la-fuerza-ni-la-publicidad-es-buena/

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